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Complicaciones de la Diabetes y Pie Diabetico

Vasculopatía Diabetica

Por suerte, cuando se es consciente de los posibles riesgos, si se toman medidas de prevención y se vigila y se mantiene la concentración de azúcar en sangre bajo control, se puede hacer mucho para evitar o reducir estas complicaciones al mínimo. Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los pacientes diabéticos es la vasculopatía diabética. Si es usted diabético, es posible que haya tenido que empezar el tratamiento de diálisis en primer lugar debido a la nefropatía diabética.  En esta enfermedad, la alta concentración de azúcar en sangre a largo plazo ha dañado los diminutos vasos sanguíneos de los riñones, la denominada microvasculopatía de manera que ya no pueden regular el agua ni las sales. Otro tipo de microvasculopatía es la retinopatía diabética, una enfermedad que afecta a los ojos; profundizaremos en esta patología más adelante pero, antes de ello, vamos a tratar la ateroesclerosis y la calcificación de la media, dos macrovasculopatías que afectan a los vasos sanguíneos más grandes del organismo.

Ateroesclerosis

La ateroesclerosis o endurecimiento de las arterias se produce cuando los vasos sanguíneos de mayor tamaño (por ejemplo, las arterias) se obstruyen debido a depósitos grasos denominados placas de ateroma. Estas placas tardan tiempo en desarrollarse de manera que, cuanto mayor tiempo haya padecido de diabetes, mayor será el riesgo de desarrollarlas. El organismo considera que estos depósitos de placas de ateroma son extraños, por lo que envía inmunocitos a atacarlos; esta reacción desencadena una inflamación que provoca el hinchamiento de las placas de ateroma. Esta inflamación es peor cuando la concentración de azúcar en sangre es elevada; por ello, es muy importante vigilar los niveles de azúcar en sangre. También es bueno practicar algo de deporte o de actividad física, ya que ayuda a la circulación sanguínea y consigue que los vasos sanguíneos conserven la mayor flexibilidad posible.

Si bien la ateroesclerosis provoca un estrechamiento de las arterias, la calcificación de la media (o calcificación arterial) provoca un endurecimiento de las arterias, que puede dar lugar a problemas cardiovasculares. A consecuencia de ello, el tratamiento de diálisis podría no resultar tan eficaz como debiera y también existe la posibilidad de que el paciente experimente problemas relacionados con la creación y la conservación del acceso vascular. Para evitar la calcificación de la media, puede ser de gran ayuda controlar lo que su nefrólogo llama el «metabolismo mineral óseo». Significa que debe mantener un equilibrio en lo que a sus niveles de fósforo y calcio se refiere; para ello, deberá vigilar la alimentación y tomar los quelantes de fósforo que le recete el médico.

Presión Arterial

Al igual que con las complicaciones relacionadas con la diabetes, el mejor tratamiento es, sin lugar a dudas, la prevención. Es muy importante vigilar de forma habitual la concentración de azúcar en sangre y mantenerla en un nivel saludable; de igual manera, deberá controlar la hipertensión arterial y los niveles de colesterol mediante una alimentación adecuada y el uso de medicación. Uno de los efectos secundarios de la vasculopatía diabética es la mala circulación sanguínea. Puede afectar tanto a sus manos como a sus pies pero resulta fundamentalmente problemática en los pies: si no reciben la suficiente cantidad de sangre oxigenada, pueden producirse úlceras o infecciones. Se le conoce habitualmente como «pie diabético» y, si no se trata, puede deparar consecuencias graves.

Proteja la Vista

Nuestra vista es un bien preciado y debemos hacer todo lo posible por protegerla. Así pues, conozcamos un poco más de cerca de qué manera la diabetes puede afectar a los ojos y la vista, de manera que sepa qué puede hacer para evitarlo.

Si es usted diabético y observa que su vista está empeorando o empieza a tener una visión borrosa, no crea que es el momento de ir a comprarse unas gafas nuevas. Este cambio podría deberse, en realidad, a sus niveles de azúcar en sangre. Cuando la concentración de azúcar en sangre es demasiado elevada, el cristalino del ojo se hincha, lo que provoca una visión borrosa. Se trata simplemente de un cambio transitorio y la vista vuelve a la normalidad cuando los niveles de azúcar en sangre se vuelven a estabilizar. Sin embargo, es posible que el paciente tarde hasta varios meses en normalizar la concentración de azúcar en sangre. De cualquier manera, la visión borrosa puede ser un signo de problema visual grave. Por ello, es importante comprobar esta alteración con el médico en el caso de que observe algún cambio en la vista.

 La retinopatía diabética es el término que se emplea para describir cualquier enfermedad ocular provocada por la diabetes. Entre las patologías más habituales se encuentran las cataratas, la retinopatía diabética propiamente dicha y el glaucoma.

Las cataratas son probablemente la patología más conocida de este tipo y pueden afectar a todo tipo de personas, ya sean diabéticas o no. No obstante, los pacientes diabéticos suelen presentar cataratas a una edad más temprana que el resto de personas. Las cataratas se suelen producir cuando el cristalino del ojo se vuelve turbio o borroso y provoca una visión borrosa. Afortunadamente, las cataratas se pueden tratar con mucha facilidad mediante cirugía, durante la cual el cirujano sustituye el cristalino del ojo por un cristalino artificial. La retinopatía diabética o el daño en la retina del ojo es la patología ocular diabética más frecuente; se debe al crecimiento anormal de vasos sanguíneos en la retina. La retina es una capa sensible a la luz que se encuentra en la parte posterior del globo ocular y que convierte la luz en señales eléctricas.

Estas señales se envían al cerebro a través del nervio óptico y el cerebro las interpreta para producir las imágenes que vemos: ¡la vista! Para que funcione correctamente, la retina necesita un suministro continuo de sangre, que obtiene de una red de vasos sanguíneos minúsculos. Estos diminutos vasos sanguíneos son vulnerables a las alteraciones de la concentración de azúcar en sangre y, cuando los niveles de glucosa en sangre son demasiado elevados, estos vasos pueden resultar dañados. Una concentración excesiva de azúcar en sangre puede provocar su expansión y causar bultos con forma de globo que reciben el nombre de aneurismas; estos aneurismas pueden bloquearse e incluso romperse, lo cual da lugar a la pérdida de visión.

Por norma general, la retinopatía diabética suele afectar a ambos ojos y no suelen aparecer signos precoces de alerta. Los pacientes normalmente no presentan síntomas; no obstante, algunos pacientes sí experimentan una visión borrosa o el oscurecimiento o la distorsión de las imágenes del campo de visión. Entre otros síntomas pueden mencionarse las manchas flotantes (puntos o líneas oscuras flotantes en la visión), la fluctuación de la visión, la presencia de zonas oscuras o vacías en el campo de visión, la pérdida de visión y dificultades en la percepción del color. Como no todo van a ser malas noticias, si esta patología se detecta a tiempo, algunos de sus cambios iniciales resultan reversibles; por ello es tan importante comprobar el estado de la vista de manera regular.

 

En los estadios iniciales de la retinopatía diabética, los vasos sanguíneos dañados pueden empezar a presentar derrames de pequeñas cantidades de sangre en ojo. A medida que avanza la enfermedad, muchos vasos sanguíneos de la retina ya están dañados y, por esta razón, el suministro de sangre no es suficiente. Para compensar esta pérdida, empiezan a crecer nuevos vasos sanguíneos. Sin embargo, estos nuevos vasos sanguíneos suelen tener un tamaño anormal y no proporcionan una circulación sanguínea suficiente. También existe la posibilidad de que crezcan o que produzcan derrames en el humor vítreo (la sustancia gelatinosa que se encuentra en el centro del ojo) y pueden verse acompañados por tejido cicatricial que pueden provocar un desprendimiento de la retina, generar alteraciones de la visión o la pérdida de visión.

El crecimiento de estos nuevos vasos sanguíneos también puede bloquear la circulación normal de líquido del ojo (el denominado humor acuoso), lo cual provoca un aumento de la presión. Esta patología recibe el nombre de glaucoma y puede dañar el nervio óptico. En el caso de detectarse en los estadios iniciales, existe tratamiento para algunos de los síntomas de la retinopatía diabética. Si bien no se puede curar la enfermedad al completo, estos tratamientos ayudan a ralentizar o impiden una mayor pérdida de visión.

La prevención es el mejor tratamiento

Como dice el antiguo proverbio, en este caso también «vale más prevenir que curar». Dado que la retinopatía diabética puede desarrollarse sin apenas experimentar dolor o síntomas, si es usted diabético, es muy importante que se someta a una revisión ocular todos los años. Esta exploración médica es muy sencilla y resulta completamente indolora: mediante un colirio especial, el médico dilatará la pupila para poder examinar la retina, ubicada en la parte  posterior del ojo. En el caso que observe algún signo de retinopatía diabética, le indicará el tratamiento más adecuado. Como puede observar, existe una gran cantidad de complicaciones para la salud relacionadas con la diabetes. No obstante, conocer los riesgos y actuar  debidamente puede ayudarle en gran medida a prevenir cualquier problema grave. Lo primero y lo más importante que debe hacer es controlar a diario la concentración de azúcar en sangre y mantener la hipertensión arterial y el colesterol a raya. Pregúntele a su médico a qué otras revisiones debe someterse y coméntele cualquier signo o síntoma poco frecuente que observe o cualquier preocupación que pueda tener al respecto. El médico hará todo lo posible por reducir al máximo estas complicaciones y por ayudarle a mantenerse lo más sano posible.

Pie Diabetico

El pie diabético puede afectar a cualquier persona que padezca diabetes; esta denominación hace alusión a cualquier complicación o patología que se produce como consecuencia directa de la diabetes mellitus. Existen diversas dolencias, entre las que figuran las úlceras, la infección y la osteoartropatía neuropática, también conocida como «pie de Charcot». Los dos problemas principales que suelen afectar a los pacientes diabéticos—el daño en el tejido nervioso y la mala circulación—pueden provocar tanto ampollas como lesiones cutáneas que, si no se tratan, pueden infectarse y generar problemas graves. En casos muy extremos, puede incluso provocar la amputación de dedos o del pie. Por ello, la prevención y unos buenos cuidados del pie son medidas esenciales para detectar cualquier problema de forma precoz y minimizar las consecuencias mediante el tratamiento y los cuidados oportunos. En primer lugar,  entendamos las causas y veamos que se puede hacer para cuidar bien los pies.

El componente más frecuente del pie diabético es la denominada úlcera del pie diabético. Una úlcera es una llaga o herida que no cura: la piel se descompone y el tejido subyacente queda expuesto. La diabetes interfiere en el proceso natural de curación y cicatrización del organismo, lo que significa que las lesiones y las ampollas que se curan fácilmente en las personas sanas pueden infectarse rápidamente cuando se padece de diabetes. A menudo, las úlceras se producen a consecuencia de pequeños cortes, ampollas o quemaduras. También pueden darse por utilizar calzado apretado, por una piedra o un borde áspero en el zapato que roza continuamente con el pie hasta que se produce una ampolla o se rompe la piel.

Los pacientes diabéticos también son proclives al daño neurológico (neuropatía) que se produce a consecuencia de un aumento de la concentración de azúcar en sangre durante un período prolongado. El daño neurológico crónico puede provocar sequedad cutánea y, en los pies, puede dar lugar a callosidades y grietas en la piel. Así, cuando la piel se agrieta, las bacterias pueden entrar y provocar infecciones. Dado que el daño neurológico también genera una pérdida de la sensibilidad en los pies, las ampollas y llagas que aparecen en las callosidades o en otras zonas entumecidas de los pies pueden pasar desapercibidas y, a medida que el paciente continúa caminando sobre el pie «dañado», la afección se agrava y las bacterias infectan la herida fácilmente.

El tratamiento de las úlceras

En el caso de no tratarse, las consecuencias de las úlceras en los pies pueden ser graves. No obstante, afortunadamente, las úlceras suelen responder muy bien al tratamiento. Si sospecha que tiene una úlcera en el pie, comuníqueselo a su médico de inmediato.

La primera medida suele consistir en colocar un apósito de protección sobre la úlcera, a fin de evitar las infecciones y permitir que se cicatrice. Una enfermera la sustituirá el apósito con regularidad. También es probable que lo deriven a un podólogo para eliminar cualquier dureza que pueda impedir la cicatrización de la úlcera; además, si hay infección, es posible que le receten tratamiento antibiótico.

En función de la ubicación y de la gravedad de la úlcera, quizás le aconsejen utilizar calzado especial para diabéticos o le ajusten el pie con un aparato ortopédico o escayola, para así quitarle presión a la úlcera y permitir que cicatrice más rápido. En algunos casos podría ser necesario el ingreso hospitalario del paciente para someterse a un tratamiento especializado; por ejemplo, una pequeña intervención quirúrgica para eliminar tejido muerto o drenar pus. Para evitar las úlceras, es muy importante comprobar con regularidad la concentración de azúcar en sangre y mantenerla controlada. También debería observarse los pies a diario y comprobar si presentan heridas, ampollas u otros cambios. Dado que los zapatos apretados o muy sueltos son la principal causa de cortes y ampollas en los pies, tenga cuidado a la hora de elegir el calzado y hágalo con sentido común. Intente utilizar calzados de piel, ante o lona y evite el calzado de plástico y de otros materiales que impidan la «respiración» de los pies. Asegúrese de que los zapatos le quedan bien, no son demasiado apretados y no le hacen rozaduras. Los zapatos con cordones o Velcro son ideales, pues puede ajustarlos fácilmente según lo necesite.

La Osteoartropatía Neuropática

La osteoartropatía neuropática es otra patología que puede afectar a los pies de los pacientes diabéticos a consecuencia del daño neurológico (daño en el tejido nervioso). También denominada pie de Charcot (debido al neurólogo francés Jean-Martin Charcot), esta patología provoca el debilitamiento de los huesos del pie de aquellos pacientes que presentan un daño neurológico importante. A medida que los huesos se debilitan, se pueden producir microfracturas y, en casos graves, puede generarse una descomposición de las articulaciones. A causa del daño neurológico, es probable que se tenga una menor sensibilidad en los pies y que no se pueda sentir el dolor, cualquier traumatismo ni los cambios de temperatura. Por ello, es probable que el paciente continúe caminando sobre el pie dañado y agravar consecuentemente la fractura y la lesión. A medida que continúe caminando, la forma del pie también puede cambiar y provocar una deformación. Estas deformaciones constituyen otro factor de riesgo para la aparición de úlceras en el pie. Si empieza a sentir calor o hinchazón en el pie tras un pequeño golpe o traumatismo, podría ser un primer signo del pie de Charcot. El pie puede doler o no; podría presentar un enrojecimiento o hinchazón y el pie afectado podría tener una temperatura superior al tacto que la del otro pie. Si observa alguno de estos síntomas, debe ponerse en contacto con su médico inmediatamente y pedirle asesoramiento.

Tratamiento del pie de Charcot

En los estadíos iniciales, durante los cuales los huesos están más débiles pero no se han fracturado, es posible que se le coloque una escayola el pie , a fin de limitar el daño y evitar las deformaciones. La escayola le inmovilizará el pie y le dará la posibilidad de que se cure. En los casos más avanzados, es posible que se precise una intervención quirúrgica para realinear los huesos rotos y deformados.

Cuidados del pie

Si padece diabetes, es muy importante cuidar bien los pies y aplicarles, de forma sistemática, unos buenos cuidados. Deberá observarse los pies a diario para comprobar si presentan algún posible signo de úlcera u otros problemas; además, deberá comunicarle cualquier síntoma que observe al médico. Si acude a un podólogo o especialista en diabetes, hable con él sobre cualquier problema o duda que tenga al respecto; de lo contrario, hable con su médico, por ejemplo, en su centro NephroCare.

Deberá consultar a su médico si presenta cualquiera de los siguientes síntomas:

  • Llagas, enrojecimiento, hinchazón, lesiones dolorosas o ampollas en los dedos o en los pies
  • Grietas en la piel que no terminan de cicatrizar
  • Dolor a la palpación o engrosamiento de las unas
  • Hongos en el pie o en las uñas
  • Cualquier signo de infección, hinchazón o supuración
  • Cambios en las úlceras ya existentes o en la piel circundante

Si lleva a cabo estas comprobaciones de forma habitual, debería poder detectar cualquier posible problema de forma precoz y, con un tratamiento inmediato y eficaz, podría minimizar cualquier posible complicación. Si tiene dificultades para verse o llegar a los pies y hacer estas comprobaciones, pídale a un familiar que le ayude a observarse los pies todos los días o hable con su médico o enfermera de su centro de diálisis. Recuerde: también es muy importante hablar con el médico si tiene dificultades para controlar los niveles de azúcar en sangre

La práctica diaria con los pies

  • Compruebe todos los días si presentan alguna lesión
  • Lávese los pies a diario con jabón y agua tibia y séqueselos bien
  • Mantenga los pies calientes y secos. Utilice una crema neutra para mantener la piel suave y evitar que se agriete. Utilice un pulverizador antimicótico o polvos de talco para evitar infecciones con hongos
  • Córtese las uñas a menudo y utilice una piedra pómez (no utilice nunca instrumentos punzantes) para eliminar las callosidades
  • No camine descalzo
  • Elija calzado cómodo de piel o de lona
  • Desinfecte el calzado con regularidad (con un hisopo de formalina)
  • No fume: fumar reduce el suministro de oxígeno a los pies y aumenta el riesgo de complicaciones